Dice Miller, Jaques-Alain: “No encuentran el deseo ya preformado en el organismo. No es un instinto, si entendemos por ello un saber infalible que estaría inscripto en lo real del cuerpo y que lo llevaría directamente a su fin: su bienestar, su vida, la supervivencia de la especie.
Muy por el contrario, el deseo se extravía. Es ese un rasgo que se le ha reconocido constantemente. Desde siempre se han lamentado y censurado sus aberraciones, sus extravagancias, sus vagabundeos. Se ha intentado de todo para educarlo, regularlo, dominarlo, pero en vano: hace lo que se le da la gana. De allí la idea de que el deseo no concierne a la naturaleza: se sostiene en el lenguaje. Es un hecho de cultura, o más exactamente un efecto de lo simbólico.”.
“Qué ocurre si no condenamos el deseo, si no lo juzgamos como bueno o malo, sino que simplemente nos damos cuenta de él?. Me pregunto si ustedes saben que significa darse cuenta de algo. La mayoría de nosotros no se da cuenta, porque nos hemos acostumbrado a condenar juzgar, evaluar, identificar, optar.
La opción nos impide, obviamente, darnos cuenta, porque siempre optamos como resultado de un conflicto. El darse cuenta de las cosas cuando uno entra a una habitación, el ver todos los muebles, la alfombra o su ausencia, etc., EL SOLO VER, el percibir todo ello sin sentido alguno de juicio, es algo muy difícil. ¿Alguna vez ha intentado Ud. mirar a una persona, una flor, una idea, una emoción, sin optar, sin juzgar en absoluto?”.
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